- El LSD (13-26 µg) aumenta significativamente la complejidad neuronal en comparación con el THC (7,5-15 mg) y la metanfetamina (10-20 mg), que no muestran el mismo efecto.
- Mientras que el LSD reduce la potencia de las ondas delta y theta, el THC disminuye la potencia alfa y la metanfetamina la aumenta, lo que indica diferentes impactos en la actividad de las ondas cerebrales.
- El aumento de la complejidad neuronal no se relacionó con los efectos subjetivos de las drogas, lo que pone de relieve que una complejidad elevada no equivale a estados alterados de conciencia.
Resumen de la investigación
A la luz del creciente interés público por las microdosis de psicodélicos, los autores de este nuevo análisis trataron de evaluar los efectos de dosis bajas de LSD, THC y metanfetamina en la complejidad neuronal de voluntarios sanos. Utilizando un diseño intra-sujetos a lo largo de tres visitas al laboratorio, se administraron diferentes sustancias a los participantes y se recopilaron datos de EEG en estado de reposo para analizar los cambios en la complejidad neuronal y la potencia espectral. En el estudio participaron un total de 73 voluntarios sanos, divididos entre las tres drogas, y los resultados revelaron información significativa sobre cómo cada sustancia afecta a la función cerebral.
Metodología detallada
Entre 2020 y 2022 se llevaron a cabo tres estudios independientes en el Laboratorio de Farmacología del Comportamiento Humano de la Universidad de Chicago. Se reclutó a adultos sanos de entre 18 y 35 años, que fueron sometidos a un riguroso proceso de selección para excluir a aquellos con antecedentes de trastornos psiquiátricos graves o abuso de sustancias. Se indicó a los participantes que se abstuvieran de consumir cualquier sustancia prohibida antes de cada sesión. Las dosis de fármacos administradas se diseñaron específicamente para evaluar la complejidad neural sin provocar alteraciones de la conciencia.
Administración y evaluación de medicamentos
El LSD se administró en forma líquida, por vía sublingual, y los participantes recibieron 13 o 26 µg. El THC se proporcionó en forma de cápsulas, mientras que la metanfetamina se preparó para imitar los efectos subjetivos que produce cuando se fuma. Se utilizaron diversas herramientas, como el Cuestionario de Efectos de las Drogas y el cuestionario 5 Dimensiones de los Estados Alterados de Conciencia (5D-ASC), para evaluar los efectos subjetivos de las drogas durante cada sesión. Se realizaron mediciones de EEG entre 90 y 120 minutos después de la administración de las drogas para evaluar la complejidad neural y la potencia oscilatoria en todas las bandas de frecuencia.
Resultados destacados
Los resultados muestran que dosis bajas de LSD aumentaron claramente la complejidad Limpel-Ziv, un indicador de la complejidad neuronal, mientras que ni el THC ni la metanfetamina mostraron efectos similares. Además, el LSD redujo la potencia de baja frecuencia y aumentó la potencia gamma de alta frecuencia. La relación entre los estados de ánimo autoinformados y la complejidad neuronal indicó que la desincronización de baja frecuencia del LSD puede correlacionarse con las sensaciones de los efectos de la droga y los niveles de ansiedad, lo que refuerza las propiedades únicas del LSD en comparación con las otras sustancias probadas. Curiosamente, aunque los participantes notaron cambios después de la administración de LSD, las respuestas en el 5D-ASC que sugerían estados alterados no aumentaron, lo que subraya que la complejidad cerebral no se correlaciona necesariamente con las experiencias subjetivas de la conciencia.
Discusión e implicaciones
Los autores concluyeron que dosis bajas de LSD pueden aumentar la complejidad neuronal, lo que podría mejorar el rendimiento cognitivo y los resultados clínicos en el tratamiento psiquiátrico. Sin embargo, enfatizan que tales aumentos agudos en la complejidad no se correlacionan directamente con sentimientos subjetivos de conciencia alterada, lo que proporciona información crítica sobre cómo la complejidad neuronal se relaciona con la conciencia y la exploración continua del potencial terapéutico de los psicodélicos. Estas distinciones subrayan la necesidad de seguir investigando, en particular para comprender los mecanismos que impulsan estos resultados e identificar marcadores objetivos de los efectos terapéuticos.

