- El LSD, en dosis de 20 µg, aumentó significativamente la tolerancia al dolor y redujo los niveles subjetivos de dolor entre los participantes.
- El estudio sugiere que el LSD en dosis bajas puede actuar como un posible analgésico sin provocar experiencias psicodélicas intensas.
- Durante el tratamiento con LSD se observó un aumento de la presión arterial, pero esto no afectó negativamente a la frecuencia cardíaca ni a la temperatura.
Introducción al estudio
La investigación presentada forma parte de un estudio de cuatro fases en el que participaron 24 personas, cuyo objetivo era analizar los efectos de las microdosis de LSD (5-20 µg) en diversos factores, entre ellos el estado de ánimo y la tolerancia al dolor. Los resultados de esta fase inicial indican que la administración de LSD aumenta la tolerancia al dolor de los participantes, evaluada específicamente mediante pruebas estandarizadas.
Antecedentes y contexto
El LSD, o dietilamida del ácido lisérgico, es un compuesto psicodélico derivado de un alcaloide del cornezuelo del trigo, utilizado históricamente por sus propiedades analgésicas, especialmente durante las décadas de 1960 y 1970 en pacientes con enfermedades terminales. Sin embargo, la investigación sobre su potencial médico se detuvo debido a su clasificación a nivel mundial como sustancia controlada. El presente estudio tiene como objetivo reevaluar el potencial del LSD como analgésico, pero en dosis que eviten efectos significativos que alteren la mente.
Metodología
El estudio, realizado con 24 sujetos sanos, consistió en la administración oral de dosis de 5, 10 y 20 µg de LSD en ocasiones distintas, utilizando un placebo como control. La prueba del compresor frío (CPT), que consiste en sumergir la mano en agua fría para inducir dolor, se realizó a intervalos tras la administración para medir la tolerancia al dolor, junto con evaluaciones del estado mental y de los signos vitales para garantizar la seguridad de los participantes. Los participantes eran adultos jóvenes con experiencias psicodélicas previas, lo que garantizaba un nivel de comodidad con las sustancias que se estaban probando.
Resumen de resultados
Los resultados del estudio demostraron que la dosis de 20 µg de LSD mejoró significativamente la tolerancia al dolor y redujo los niveles de dolor y malestar comunicados en la prueba del agua fría. Por el contrario, las dosis más bajas no produjeron alteraciones estadísticamente significativas en la percepción del dolor. Los investigadores observaron ligeros aumentos de la presión arterial y síntomas disociativos leves relacionados con la dosis más alta, lo que indica posibles efectos psicológicos que no llegaron a provocar efectos adversos graves, como alteraciones de la frecuencia cardíaca.
Discusión e implicaciones
Este estudio pone de manifiesto un notable potencial del LSD en dosis bajas para el tratamiento del dolor. Los efectos analgésicos fueron comparables a los de los métodos tradicionales de alivio del dolor, como los opioides, aunque con efectos secundarios significativamente menores. Los efectos prolongados del LSD sobre la tolerancia al dolor, observados incluso horas después de su administración, sugieren que podría resultar útil en las terapias para el dolor crónico y servir como alternativa a los paradigmas actuales de tratamiento del dolor, que a menudo se basan en opioides y otros fármacos con diversos riesgos de efectos secundarios y dependencia.
El mecanismo por el que el LSD podría aliviar el dolor requiere más investigación. Entre las posibles teorías se encuentran su efecto sobre la actividad de los neurotransmisores implicados en el procesamiento del dolor y las estrategias de afrontamiento, o a través de vías fisiológicas como el aumento de la autotranscendencia, similar a las prácticas de meditación. En general, los resultados justifican un mayor estudio del LSD en dosis bajas como una vía prometedora para tratar el dolor crónico sin las complicaciones asociadas a los tratamientos actuales.

